

Los derechos de los niños de escasos recursos en nuestro país día a día son vulnerados por sus padres, familiares, extraños y hasta por el Estado Colombiano. Factores como: maltrato infantil, desnutrición, abuso sexual, abandono, desplazamiento forzado, entre otros. En medio de este panorama hostil surge una figura amorosa cuyo objetivo no es reemplazar las madres pero si brindarles un trato amoroso, estímulos para aprender mediante el juego y la palabra.
Las madres comunitarias son agentes educativos de Bienestar Familiar, tienen como función ser reguladoras del desarrollo psicosocial, moral y físico de los niños y niñas, menores de seis años y de estratos 1 y 2.
María Sandoval es una madre comunitaria de la localidad de Usme, casada hace 10 años y con cuatro hijos. En su humilde vivienda alberga diariamente 20 niños cuyos padres no cuentan con los recursos necesarios para brindarles los más mínimos cuidados o lujos y como si fuera poco pasan el día fuera de sus casas en el rebusque. "Muchos de ellos llegan a la casa sin desayuno, con los zapatos rotos, la ropita remendada", repuso María. "Sus papas son muy pobres, muchos de los niños se acuestan con el estómago vacío, aquí con lo poquito que tengo trato de darles buena comidita para que no aguanten tanta hambre", continua María con una leve sonrisa en los labios.
"Llevo muchos años como madre comunitaria y me siento feliz porque con lo poquito que tenemos mi familia y yo, hemos ayudado a muchos niños. Eso es muy bonito" Afirma que muchos infantes requieren de atención especial, más que otros debido a cuadros de maltrato intrafamiliar, abuso sexual, desnutrición, desplazamiento forzado, etc.
Las madres comunitarias cumplen una labor loable al alimentar, educar, brindar amor y protección a los niños vulnerables del país. Gracias al compromiso de las madres comunitarias como María cuyo trabajo es colaborativo porque los padres son el eje del proceso, los infantes son reorientados y protegidos.
DORA LUZ PIMIENTO
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