

la historia es para unos pocos
una casa que guarda magia en su estructura
“Aquellos que no estudian su historia están condenados a repetirla”. (Anónimo)
Alguien alguna vez escribió esta frase, y tiene razón por que la historia es fundamental en el ser humano y también todos los patrimonios que esta trae, como grandes construcciones, costumbres y saberes, como diría la docente e historiadora Nubia Pineda “todo lo que vemos, olemos y sentimos tiene su historia”.
En un sitio ubicado a 20 kilómetros de la ciudad de Tunja, vía Samacá muy cerca al Puente de Boyacá, se encuentra una casa que guarda tradición, pero casi nadie lo sabe, se trata de la “casa de Teja”, lugar que aguarda en sus paredes hechos trascendentales del país.
Históricamente la vivienda juega un papel importante, afirma el historiador y presidente de la Academia Boyacense de Historia, Javier Ocampo López, por que fue el sitio donde se realizó el primer contacto entre los ejércitos de vanguardias patriotas y realistas, que estaban a órdenes de los coroneles Andrés Ibarra y Carlos Tolra.
En el mismo lugar, cuando culminó la confrontación, el soldado del batallón primero de rifles, Pedro Pascasio Martínez Rojas, entregó al libertador Simón Bolívar, como prisionero de guerra al comandante realista José María Barreiro, Bolívar después de conocer e identificar al prisionero, ascendió al joven soldado, al grado de sargento y ofreció una gratificación de cien pesos.
La casa para esa época era propiedad de la familia Ruiz, quienes la tenían como posada para los viajeros y también un sitio que ofrecía servicio de alimentación, afirma Julio García policía de turismo de Puente de Boyacá.
Imagen casa de Teja, fotografía tomada por. Susan Karen
Arquitectónicamente contaba con 7 habitaciones, una cocina con fogón y un gran patio para poder dejar los caballos; ahora se encuentra mal modificada, atestigua Ciervo Molano propietario de la funeraria San Francisco y quien nació muy cerca de allí. Fue cambiada la pintura, la forma de su fachada, tumbadas varias paredes, saqueados sus ventanales y cuenta con un gran jardín, el cual no estaba en esa época, “por hay tal cual pared se conserva, pero esa casa no volvió hacer igual” dice Ciervo Molano.
Durante todo el tiempo que ha estado la vivienda allí, ha sido escuela, estación de policía y un sitio para la cría de caballos, donde los niños y adultos podían ir a aprender de historia y tenían una buena área de esparcimiento, donde respiraban la tranquilidad de esta residencia, una excelente zona para mirar atardeceres, “cuando era joven los fines de semana nos íbamos para allá almorzar en sus prados cercanos” manifiesta Blanca Liliana Molina, habitante del sector.
Ahora es una morada común y corriente, la cual pasa desapercibida dentro del sitio, sus prados se ven solos, un perro grande vive allí llamado “bisturí”, el encargado de vigilar la vivienda en la noche, los fines de semana se convierte en casa de asados y parrandas como lo testifica purificación Camargo, tendera del sector.
¿Pero qué pasó con esa casa? Lamentablemente fue vendida, tal vez el Gobierno se canso de conservarla, de darle dinero para su mantenimiento y decidieron cederla, ya que estaba totalmente en ruinas y no se podía restaurar por falta de recursos.
En el Ministerio de Cultura no se encuentra registrada como propiedad del Estado, quiere decir que efectivamente no tiene valor histórico, por la parte de las leyes que rigen el país, si pude ser legal la venta de una propiedad de la Nación, más sí se dejaron vencer los términos, y todas las entes del departamento lo vieron viable, y si un jurista fue el que adquirió la propiedad lógicamente fue legal, afirma la abogada Rosalba Espitia, especializada en derecho civil y laboral.
Bien dicen “las cosas son del mejor postor” y en este caso el postor es Germán Alfredo Gonzales, abogado especialista en derecho administrativo, amante de la historia y un aficionado a coleccionar objetos valiosos, le apasiona leer y escribir sobre política del siglo XIX.
Pues él adquirió la casa por una suma de 400 millones de pesos, “cuando yo la adquirí estaba en ruinas, yo fui el que la restablecí totalmente” dice en sus afirmaciones Germán Alfredo, quien le pago al arquitecto Pedro Palacios para que la reintegrara, y se convirtiera en su casa de fines de sem
Ahora lo que quiere es vendérsela al Estado nuevamente y que le paguen un dinero extra por todas las modificaciones que le ha hecho, eso es saber hacer negocios “yo siempre le he dicho al estado que se la vendo pero ellos no me hacen caso” dice Germán Alfredo, quien en su oficina conserva un marco de una de las ventanas de la casa, el cual es genuino de la época y tiene dibujado un campesino con un bastón.
“Mi propiedad esta delimitada por ochocientos metros cuadrados” afirma el jurista, quien sin temor se siente orgulloso de adquirir este inmueble lo considera como una reliquia muy valiosa, pero no le da miedo venderla por que sabe el beneficio económico que le trae, mientras tanto el gobierno departamental no se quiere pronunciar acerca de esta oferta echa por Germán Alfredo.
Fotografía, marco de la ventana,
La vivienda dentro de los turistas pasa desapercibida, nunca es visitada, simplemente es nombrada como lo cita Yulli Jiménez guía turística del municipio de Ventaquemada, quien dentro de su explicación, no nombra la historia de la casa, porque no encuentra ningún documento escrito que hable de ella, “yo opto por decir lo fundamental nada mas”.
¿Pero entonces que pasa con todas las personas que saben su verdadera historia, como el maestro Javier Ocampo, Julio García, Ciervo Molano, los habitantes del sector y hasta el mismo Germán Gonzales? Pasaron a un segundo plano por lo que parecé.
Nohora Esperanza Ruiz Docente de ciencias Sociales del colegio Panamericano Puente de Boyacá, dice lo siguiente “se debería escribir un documento con su historia, para así atraer a los turistas, lastima que el estado fue tan tonto al vender esta propiedad y no mirar las consecuencias que esto trae”
No se sabe a ciencia cierta que tan posible sea sacar un documento sobre esta propiedad, la única verdad que existe es la perdida de identidad que esta teniendo en estos momentos la querida “Casa de Teja” es llamada así por que en la época de la colonia era la única casa de teja de barro, las demás eran en paja o heno dicho por Julio García.
En una encuesta realizada a 11 habitantes y turistas del Puente de Boyacá, solo 2 saben la importancia de la “Casa de Teja”.
Encuesta realizada por: Anderson Neira Espitia
Qué poca es la preocupación por lo histórico y por lo que de verdad tiene valor, se ha olvidado completamente el significado de una tradición ¿qué pasara con los almuerzos los fines de semana allí, las vistas al atardecer, la cría de caballos?, tal vez nunca volverán.
La población que todavía tiene valor histórico de lo nuestro, solo espera que un día, sea recordada como lo que fue un patrimonio nacional y el espacio para remontarnos al pasado y curiosamente se podría decir que fue la primera vivienda en Puente de Boyacá.
Cuantos habitantes o cuantos turistas en su época no pasaron por allí y no se admiraron con su belleza, allí en un rincón un viejo rincón, eso si lujosa todavía yace para la población.
Un día un hombre cuido esta casa, enseño su historia y vio como se caía poco a poco…dedicado a la memoria de Álvaro Bosbuita.
SUSAN KAREN CUELLAR
No hay comentarios:
Publicar un comentario